La vida comienza donde el miedo termina.
Osho – escritor, orador, filósofo –
Estos últimos días me encuentro bastante saturado de tareas y obligaciones que tienen fecha de entrega. El desafío de cumplir con todo, sacar tiempo del tiempo y gestionar la falta de sueño, el cansancio, el estrés, etc., nos puede producir un malestar psicológico que afecta a nuestra capacidad productiva. Nos preguntamos si seremos capaces de afrontar esas tareas, no estamos seguros si tendremos suficiente tiempo o si lo estaremos haciendo bien
Me refiero a cuando te sientes incapaz o inseguro, cuando las voces externas influyen en tu autoestima o crees que no haces lo suficiente. ¿Te resultan familiares estas emociones? Da igual donde te encuentres (en el trabajo o en los estudios). Cuando más necesitas fuerza, te asaltan las dudas y los miedos. Queremos controlar todo los que sucede a nuestro alrededor y deseamos un cierto tipo de inmediatez con la que exigimos resultados. Pero nos falta confianza.
Nuestra mente amplifica la adversidad.

Si no te valoras, no te respetas, si no eres paciente contigo mismo, difícilmente lo harán los demás. Nos falta amor por nosotros mismos, que es algo distinto al orgullo.
De poco nos sirve quejarnos sobre algo si no pasamos a la acción. La queja y la gratitud son los extremos de la misma cosa. Cuando sientes gratitud, experimentas amor. Cuando te quejas, sufres, porque te recreas en lo que produce malestar. Para dejar de quejarnos, hace falta valor, «coger el toro por los cuernos», y enfrentarnos a la dificultad con un plan de acción, con coraje. Tal vez, no lo consigas a la primera, pero el simple acto de dar un paso al frente, es una pequeña victoria.
Parece que se nos ha educado para tenerlo todo en el momento que queremos. La inmediatez nos conduce a quererlo todo y ya mismo. Queremos ver para creer. Sin embargo, la vida nos enseña que es al revés, debemos creer para ver. Si aprendes esta lección, estás preparado para resolver cualquier problema, ya que esa fe nace de la confianza en ti mismo.
Durante mucho tiempo no comprendí por qué el mundo me trata tan mal, o por qué tal persona no me ayuda o no me comprende. Es un ejemplo de actitud dependiente de lo externo, que excluye la responsabilidad de nuestras acciones. Pienso en aquellas veces que he llegado a estar convencido de que tal profesor ha sido injusto conmigo, pero no me he preguntado el por qué de su actitud y qué parte de responsabilidad tengo. Igualmente, esto se puede trasladar a otras figuras: un jefe, los compañeros de clase o de nuestro trabajo, la familia, etc. La reacción más habitual es la evitación, la elusión o ignorar nuestra responsabilidad echando balones fuera. «Todo el mundo es culpable, menos tú». Cambiar este pensamiento exige aceptar que eres vulnerable, y, por tanto, humano. Mientras sigas evadiendo tu responsabilidad, estarás despojándote de tu poder. Cuando culpas a los demás, te conviertes en una víctima. Y aquí está la clave. Culpamos al mundo y necesitamos el rol de víctima para justificar nuestras acciones, por ejemplo, «nunca voy a poder prepararme bien las oposiciones, nunca tengo tengo suficiente, etc.» Estos son pensamientos limitantes que alargan el malestar, no nos conceden la oportunidad de poner foco en eso que no nos gusta o que quisiéramos cambiar y encontrar una alternativa a como lo estábamos haciendo hasta ahora. Al final, como víctimas, creemos que determinadas situaciones de dolor se repiten de forma interminable: «¡siempre me pasa a mí!» – pensamos –

Cuando algo nos duele (una situación, las palabras o las acciones de una persona) nos quedamos paralizados en el dolor y las reacciones naturales son evitar, responder o culpar. Es el perfil de la víctima. El principal problema radica en quedarse atrapado en el dolor y no ser capaz de trascenderlo. Es como si fuéramos un hamster que hacemos girar la rueda y ese esfuerzo no nos conduce a ninguna parte. Lo malo es que no somos conscientes de nuestra capacidad para romper con el círculo vicioso.
Perdamos el miedo a equivocarnos, aprendamos de nuestras experiencias, ¿qué trata de enseñarme la vida con esto? Si cambias las preguntas, cambiarán las respuestas. Si tú no te elevas por encima del dolor, de lo que perciben tus sentidos, si tú no te elevas por encima de la situación que estás viviendo, difícilmente encontrarás la solución. Revisa cómo te estás comportando, cuál es tu actitud diariamente en el trabajo o en los estudios y como te ves a ti mismo.
Te aconsejo que cojas una libreta y bolígrafo para responder esta batería de preguntas:
- ¿Me estoy valorando a mí mismo?
- ¿Qué imagen estoy dando en mi trabajo o en los estudios?
- ¿Me estoy comportando como una persona que merece un ascenso o una buena calificación?
- ¿Estoy transmitiendo realmente el valor que me asigno a mí mismo?
- ¿Me siento realmente merecedor de ese puesto? ¿Me siento preparado para asumir más responsabilidad? Revisa cómo te estás comportando, cuál es tu actitud diariamente en el trabajo y cómo te ves a ti mismo.
- ¿Permites que pasen por encima de ti o te haces respetar?
- ¿Sabes decir que no con naturalidad, sin alterarte o sin sentirte culpable?
- ¿Te alteras cuando te echan algo en cara o sabes mantener la calma?
- ¿Cómo te sientes ahora?
- ¿Cómo te sigues comportando?
5 trucos para desarrollar tu fuerza interior.
Ya seas opositor, ya seas profesor, estas técnicas te benefician para que cese todo ese ruido mental que te impide confiar en ti.
Tus logros.
¿Por qué en vez de seguir recreándote en lo negativo no haces un poco de memoria y piensas en todos esos logros que has conseguido hasta ahora? Recuerda las experiencias en las que te sentías el amo del mundo. Usa un diario personal, por ejemplo, para conectar con tu mundo interior, así situarás el foco en tu voz interior, esa voz que te guía. Te ayudará a despejar las «nubes negras» de tu mente. Escribe para desahogarte varias veces al día durante 30 minutos: cuenta cómo has pasado el día, qué te preocupa ahora, qué objetivos has logrado, etc. A continuación, mete tu diario en el cajón, para reposar ese texto. Al cabo de unos días, recupera lo que escribiste, léelo y pregúntate si no hay otra manera diferente para tratar esa situación que te estresaba.
Alimento para tu alma.
Pregúntate qué es lo que te alimenta interiormente, qué hacemos cuando algo nos estresa y qué puede ayudarte en ese momento, qué alimenta tu yo interior. Ese alimento interno hace referencia a todas aquellas cosas que podemos hacer que nos nutre y actúa como medicina para el alma. Empieza por algo sencillo, por ejemplo, piensa en aquello por lo que te hace sonreír.
Date un descanso.
No hablo únicamente de dormir ocho horas y echarte una siesta. Sino de parar y dedicarte un día en exclusiva. Da igual si tienes toneladas de tareas por hacer. El mundo no se va a acabar porque tú pares. Que sea un descanso real, sin ruidos mentales, deja de pensar en el futuro, en lo que tienes que hacer todavía. Deja tu mente en blanco. Contacta contigo con una sencilla meditación.
Aprovecha ese descanso para leer el libro que siempre has deseado leer y que, por falta de tiempo, lo has tenido en el escritorio. Pasea, queda con los amigos para tomar café o unas cervezas, desconecta de todo. ¿Has probado vivir un día sin teléfono móvil? Se puede, créeme. En definitiva, date un homenaje, mímate durante 24 horas.
Pide un deseo y ten fe en él.
A pesar de las dificultades, reflexiona sobre la vida que quieres para ti. Sé amable contigo, limpia las heridas y afronta la vida con optimismo. ¿Cómo quieres ser ante la incertidumbre y adversidad?, ¿cómo queremos actuar con las personas que tenemos cerca? ¿Cómo es la vida qué quiero tener a partir de ahora? ¿A qué cosas has renunciado o has dejado pendientes? Usa tu mente para visualizar esa vida que deseas. Escribe sobre ello en tu diario personal y pon foco. Verás de qué manera va a fluir tu fuerza interior en el momento en que conectes con tu yo más íntimo, porque esto no deja de ser un ejercicio de autoafirmación.
Llegados a este punto, ya tenemos una meta posible, un proceso a seguir y recursos para nuestro viaje. Y no hay teoría sin ejemplos. Quiero compartir contigo una gran serie de Neflix que me ha inspirado: Madam C. J. Walker: Una mujer hecha a sí misma.
Un lugar donde sentirse seguro.
Muchas veces, nos levantamos con una coraza, como si fuera una prisión interna, sentimos que la vida nos duele, y nos encerramos en ella. Cada sensación nos asusta, nos sentimos pequeños. Parte de la desesperanza que sentimos se debe a que creemos que nonos sentimos a salvo, buscamos protección en el exterior, sin darnos cuenta de que conectar con nosotros mismos es el refugio que necesitamos. Al confiar en lo externo, pensamos que esa protección de fuera nos va a dar un trabajo, una pareja, una situación favorable… Seguro que cuando lo has conseguido, te das cuenta de que no es así. Y la vida, tu yo interior, te siguen esperando.
Nuestra mente hay que educarla. Actúa como nuestra brújula espiritual. Si la alimentas, le das herramientas para abrirte paso en la vida y prestas atención a tu ámbito interior, ya estás creando un refugio donde sentirte bien, reafirmarte positivamente y aprender de todos las experiencias. Por lo tanto, si queremos confiar en nosotros mismos, usemos la «brújula». De lo contrario, nos perderemos en el camino.
En conclusión…
Cualquier reto que debamos afrontar requiere una actitud positiva y ganas de aprender de nuestras experiencias para lograr un crecimiento personal real. Esto requiere flexibilidad: ni excesivamente realistas, ni excesivamente idealistas. Una mezcla equilibrada nos permitirá analizar los pros y los contras de las situaciones que nos preocupan.
En el caso de que seas opositor y sientas que no puedes abarcar todo el trabajo que supone prepararse para una prueba tan importante, revisa cuánto tiempo puedes dedicar a cada tarea, planifica tu estudio y diversifica el tiempo que dedicarás a estudiar. Posiblemente, la carga de trabajo te producirá bastante estrés. Como medida para contrarrestarlo, dedica unos minutos diarios para conectar con tu yo interior y practica los consejos que te he ofrecido en este artículo.
Si no llegas a todo, sé inteligente. Aborda aquello que es esencial para tu preparación, secuencia tu estudio y alterna periódicamente todo aquello que necesitas para estar realmente preparado. Por ejemplo, si te preocupa la ortografía, te recomiendo Anki para repasar durante cinco minutos. Si llevas regular el análisis sintáctico, consulta el manual de Gramática de la RAE, hazte unos esquemas y unos resúmenes, un glosario con términos lingüísticos y practica constantemente con el comentario de textos basándote en supuestos que te suministre tu centro de formación o tu preparador personal.
Lo cierto es que si aceptamos nuestras limitaciones y nuestro potencial, descubriremos esa fuerza interior que siempre estuvo allí, nunca te abandonó, tan solo esperaba que la descubrieras.
¡Dedícate tiempo a ti mismo!
Ahora es tu turno…
Déjame un comentario y comparte qué opinas sobre este artículo. ¿Eres de los que se come el mundo ante la adversidad o perteneces al club de las víctimas?
¿Por qué no visitas mi podcast La bitácora de Francisco en Spotify y escuchas los episodios? Si te gustan, suscríbete y déjame una valoración.
¿Te gustaría dejarme alguna sugerencia para escribir sobre algún tema? ¿Te apetece compartir tus experiencias docentes o como opositor en mi podcast? Contacta conmigo aquí.

