Enseñanza del español

Enfoques comunicativos en la enseñanza del español como lengua extranjera.


La metodología comunicativa. Principales características.

  • Se centra en la enseñanza de conocimientos lingüísticos y culturales.
  • Provee habilidades que ayuden a los alumnos a desarrollar una comunicación más eficaz en diferentes situaciones de la vida real, o, dicho de otra manera, fomenta el desarrollo de una buena competencia comunicativa en una segunda lengua.
  • El profesor genera oportunidades en las que aprendices pueden poner en práctica los conocimientos, destrezas y habilidades adquiridas durante el curso.

El paradigma comunicativo surge a mediados del siglo pasado y tiene un gran desarrollo en Europa. Toma los procesos comunicativos como elementos centrales de la acción lingüística y se basa en los principios sobre cómo se produce el aprendizaje de la L2.

Las actividades de clase simulan las condiciones de la comunicación en la vida real.

Conceptos clave:

  • Interacción significativa.
  • Competencia comunicativa.
  • Las cuatro destrezas.
  • Tarea posibilitadora.
  • Foco en el significado y no en la forma.

 

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La lengua como medio de comunicación.

Se entiende que la lengua, antes que un sistema abstracto de significado, es un instrumento de comunicación. Usamos la lengua para cooperar, para planificar, expresar emociones, pedir información, aceptar o rechar invitaciones y para transformar nuestro entorno.

Es este sentido instrumental y social de la lengua en el que el niño percibe y, por esa razón, decide hablar para comunicarse con el entorno. Hymes establece el principio de competencia comunicativa. Nos hace reflexionar sobre lo que implica hablar en una segunda lengua.

El niño adquiere la competencia relacionada con el hecho de cuando sí y cuando no hablar, y también sobre qué, con quién, dónde y en qué forma.

En resumen, un niño llega a ser capaz de llevar a cabo un repertorio de actos de habla, de tomar parte en eventos comunicativos y de evaluar la participación de otros. Aún más, esta competencia es integral con actitudes, valores y motivaciones, relacionadas con la lengua, con sus características y usos, e integral con la competencia y actitudes hacia la interrelación con el otro código de conducta comunicativa.

Usamos la lengua para actuar y hacerlo de forma eficaz. Es la adecuación hacia nuestro interlocutor y al contexto lo que determina la eficacia en ese uso de la lengua. Cuando hablamos, activamos un conjunto de conocimientos socioculturales que, compartidos por los miembros de la comunidad, nos permiten transmitir e interpretar los enunciados. Esos conocimientos, al mismo tiempo, hacen posible que no tengamos que decir todo lo que queremos comunicar (economía comunicativa).

La competencia comunicativa integra tres componentes:

  1. El componente lingüístico. Guarda relación con la lengua como sistema. Incluye elementos de tipo léxico, fonético, sintáctico, etc.
  2. El componente sociolingüístico. Tiene que ver con las conductas socioculturales del uso de la lengua. Por ejemplo: la cortesía, las fórmulas de tratamiento, etc.
  3. El componente pragmático. Hace referencia al uso funcional de la lengua.

La lengua se orienta a la consecución de una determinada finalidad comunicativa.

 

El sentido de uso y la actuación lingüística orientan todo el proceso de análisis lingüístico.

Cuando hablamos, no sólo importa lo que decimos, sino que debemos tener en cuenta la actitud con la que nos expresamos y, sobre todo, el efecto que se provoca cuando hablamos, si lo que decimos tiene sentido cuando las formas las ponemos en uso.

El segundo principio tiene que ver con que si la unidad básica de análisis es el texto o el discurso, no la oración. Relacionado con esto, ambos textos y discursos se producen en contextos determinados no solamente les da sentido, sino que ayudan a interpretarlo. Es la identificación de esos contextos de uso la que nos servirá para tener en cuenta los textos que nuestros estudiantes tienen que producir.

Pensar en el contexto supone también tener en cuenta las variedades lingüísticas de los hispanohablantes.

El tercer principio. El aprendiz se convierte en el centro del proceso de enseñanza/aprendizaje siendo tanto sus necesidades como sus características las que lo determinan y orientan. En este sentido, las teorías sobre la adquisición de lenguas fundamentan tanto las prácticas docentes, los materiales o los programas. El aprendizaje se entiende como un proceso de construcción creativa del conocimiento. El estudiante construye de forma personal el nuevo conocimiento lingüístico a partir de los nuevos datos que va teniendo en cada momento y en situaciones en que tiene que practicar en una interacción.

Teniendo en cuenta estos dos principios, se formula el concepto de error.

El tratamiento del error.

Se considera el error una parte imprescindible del proceso de aprendizaje.

Martín Peris

Ante la ausencia total de errores en la producción lingüística de un estudiante, nos veríamos obligados a admitir que, o bien el alumno no hace uso creativo de la nueva lengua que está aprendiendo (se limita a repetir mecánicamente), o bien que el uso que hace está tan planificado, tan monitorizado, que en definitiva está obstaculizando el aprendizaje.

No aprendemos si no arriesgamos.

Este sentido, de poner al estudiante en el centro del proceso de aprendizaje, se recogen en las diferentes propuestas curriculares, tanto en el American Council on the Teaching of Foreign Languages, la Base Nacional Curricular de Brasil, como en el MCER. El uso de las diferentes habilidades lingüísticas se realiza tambien con el mismo sentido comunicativo que inspira el uso general de la lengua.

En resumen, la competencia comunicativa da cuenta del conjunto de conocimientos y habilidades que permite a los participantes participar de forma activa en intercambios comunicativos eficaces.

 

Objetivos del proceso de aprendizaje.

El objetivo del proceso de aprendizaje consiste en adquirir los recursos necesarios para desarrollar un amplio repertorio de actos de habla, según las necesidades e intereses de los aprendices.

Si el objetivo de la enseñanza es la consecución de unas finalidades o propósitos comunicativos, estas finalidades deben estar presentes tanto en los programas como en las diferentes programaciones que se realicen. En segundo lugar, si el texto del discurso es el elemento central del análisis lingüístico, deberemos tener en cuenta un amplio conjunto de textos que presentar a los estudiantes. Algunos de ellos pueden ser textos de carácter administrativo, textos relacionados con el uso de servicios públicos, etc. Se plantea la necesidad de presentar textos reales, contextualizados y se debe incluir los aspectos de carácter contextual, como los ruidos o distractores. Se recomienda atender a las variedades lingüísticas del español. Por último, el lenguaje se activa mediante la interacción, por tanto, habrá que diseñar situaciones verosímiles.

 

Criterios para el diseño de actividades comunicativas.

En primer lugar, la actividad debe presentar un contexto claro. Algunos de los criterios que deben tenerse en cuenta para el diseño de actividades comunicativas pueden ser:

  1. La actividad debe estar contextualizada para facilitar el uso de un amplio conjunto de conocimientos lingüísticos, del mundo, de la L2, etc. Por ejemplo, los anuncios de megafonía, donde esos conocimientos del mundo nos ayudan a identificar esa información que, a veces, es tan confusa.
  2. Las actividades deben tener una clara finalidad comunicativa. Hay tener claro que la función lingüística que se trabaja debe estar presente, incluso, antes de leer o escuchar. Si la actividad lingüística la realizamos para una finalidad concreta, esa finalidad tiene que anteceder al ejercicio. Cambiaría todo si dijéramos: <<Vas a escuchar una grabación de dos personas que están hablando sobre a qué lugar irse de vacaciones.>>
  3. Las actividades deben ser verosímiles. En ellas existen componentes socioculturales y pragmáticos que dan credibilidad a la lengua. Por ejemplo, «escribe una postal a unos amigos mexicanos que has conocido contándoles cómo ha sido tu viaje de vuelta».
  4. El estudiante produce y se enfrenta a textos completos. Por ejemplo, anuncios de alquileres, horarios de transporte, prospectos médicos, etc.
  5. El vacío de información. Partimos de la idea de que cuando hablamos, lo hacemos para cubrir un vacío informativo que existe. No hablamos por hablar, ni leemos por leer. Queremos acceder a una información y ese es el sentido de la práctica. Por ejemplo, en actividades por pares, uno de los estudiantes tiene una información y el otro tiene que interactuar con el compañero para conseguir esa información. Otro ejemplo, podría ser el juego «Quién es quién» para practicar el vocabulario de la ropa y el relacionado con las descripciones de personas.
  6. El grado de incertidumbre. No siempre existe una respuesta cerrada, sino que el estudiante puede elegir la forma en la que transmita la información. En una secuencia didáctica, las actividades seguirán una progresión de mayor a menor control, o, dicho de otra manera, de menor sentido comunicativo a un mayor sentido comunicativo, es decir, unas actividades de carácter pre-comunicativas y unas actividades más comunicativas. Por ejemplo: «enseña una foto de tu familia a tus compañeros y hablad sobre ello». Este ejercicio tendría poca productividad. En cambio, si organizamos una secuencia por la cual se introduce el vocabulario de las profesiones, los miembros de la familia, etc., y dejamos para el final la fotografía, se producirá un mayor grado de interacción.
  7. Las actividades comunicativas tienen que suponer un cierto reto cognitivo. Nos implicamos en una actividad en la medida que nos plantea un reto. Sería el caso de las actividades basadas en la resolución de problemas.
  8. Las actividades comunicativas implican un agrupamiento variable, ya sea en pequeños grupos o grupos grandes.
  9. Existe una valoración positiva del concepto del error. El error, en este sentido, se valora siguiendo criterios de comprensión y de eficacia comunicativa más que a aspectos formales.

En resumen, la lengua sirve para comunicarnos. Es esta finalidad comunicativa la que determina el aprendizaje, pero también la que determina el uso de la lengua (el habla). La eficacia en ese uso viene determinada por la consecución de un objetivo comunicativo. En este sentido, el error forma parte de indispensable tanto del aprendizaje como de la comunicación.

 

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Enfoques comunicativos en la enseñanza del español como lengua extranjera by Francisco José Martínez Vicente is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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